sábado, 18 de marzo de 2017

María: Las vicisitudes de un texto. Por María Teresa Cristina. En "María", Obras Obras Completas de Jorge Isaacs. Volumen I, Abril, 2005.

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VIENE y COMPLEMENTO DE:

NTC ... 15 de marzo de 2017


María: Las vicisitudes de un texto 

Por María Teresa Cristina 

En 
"María" 
Edición crítica 
Obras Obras Completas de Jorge Isaacs 
Volumen I, Abril, 2005 
 Páginas xxix a xliv 
Total 19 páginas


Universidad Externado de Colombia
Universidad del Valle

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Introducción

Por María Teresa Cristina 
Tomado de: "María". Edición crítica. 352 páginas. Obras Completas de Jorge Isaacs. Volumen I (de 11), Abril, 2005.  Páginas xxix a xliv. Total 19 páginas

A. María: las vicisitudes de un texto

En 1863 regresa a Bogotá un joven provinciano de 27 años. Aunque había cursado aquí estudios en tres colegios distintos durante cinco años (1848-1852), era completamente desconocido. Llega cargado de deudas e intenta evitar el remate de las haciendas familiares de las que tuvo que hacerse cargo después de la muerte del padre (marzo de 1861) por voluntad explícita de éste. La situación de quiebra había sido ocasionada por malos negocios, por las guerras, por la pasión por el juego del padre y por préstamos insostenibles contraídos por ambos.
Por entonces, ya había intentado el cultivo del tabaco y se había dedicado a los negocios con poco o ningún éxito; ya había participado en dos guerras civiles, las de 1854 y 1860; había contraído matrimonio a los 20 años y había escrito tres dramas históricos y unos poemas. En Bogotá busca la asesoría de una oficina de abogados, la de José María Vergara y Vergara y Aníbal Galindo; el joven caucano no logra evitar el remate de las propiedades paternas, pero encuentra un padrino literario en el primero. Sus versos fueron acogidos con entusiasmo por los miembros de la tertulia "El Mosaico" y "pronto volaron en letra de molde" (1) gracias a su patrocinio (2). En palabras de uno de los presentes a la lectura de sus poemas, Manuel Pombo, "el poeta se había levantado olvidado y se acostó famoso" (3). De esta forma, comienza oficialmente la vida literaria de Jorge Isaacs.
Pocos meses después se ve obligado a regresar al Cauca donde lo esperan muchas penurias. Desde La Plata y Cali escribe a José Manuel Marroquín:

Estoy flaco como el Poder Ejecutivo, y negro como hijo de Mulet [...] Es necesario tener toda la conformidad cristiana de que disfruto, para no haberme desesperado con la idea de enfrascarme en el Cauca, fraternalmente alojado con toda una colección de sabandijas ponzoñosas. Si fuera a vivir con mi familia, en completa federación, soportable fuera; pero amigo mío, muchos malos días me esperan4.
No escribo porque no tengo un cuartito de estudio. No trabajo porque no tengo cómo, mientras no esté en posesión de un destino que dizque me van a dar en la empresa del camino (5).

La necesidad lo lleva a aceptar el cargo de subinspector de los trabajos de construcción del camino de herradura que se está abriendo entre Cali y, Buenaventura. En las inhóspitas selvas del Dagua redactó los borradores de los primeros capítulos de la novela que evocaba los años felices en las haciendas paternas "La Rita" y "El Paraíso". Así recuerda ese año de penalidades en carta a su amigo Adriano Páez:

Hay una época de lucha titánica en mi vida, la de 1864 a 1865: viví como Inspector del camino de Buenaventura, que se empezaba a construir entonces, en los desiertos vírgenes y malsanos de la costa del Pacífico. Vivía entonces como un salvaje, a merced de las lluvias, rodeado siempre de una naturaleza hermosa, pero refractaría a toda civilización, armada de todos los reptiles venenosos, de todos*los hálitos emponzoñados de la selva. Los 300 ó 400 obreros que tenía bajo mis órdenes y con quienes habitaba como en campaña, tenían casi adoración por mí. Trabajé y luché hasta caer medio muerto por obra de la fatigante tarea y del mal clima. Después he hecho cuanto mis esfuerzos han permitido, hasta el Congreso de 1878, en favor de la vía redentora para el Cauca; pero nada ha sido eso, comparándolo con lo que hice y sufrí como Inspector de los trabajos desde noviembre de 1864 hasta el mismo mes en 1865 (6).

El paludismo, que habría de matarlo, contraído en esos climas malsanos lo obligó a regresar a Cali donde terminó la redacción de la novela. Su hermano mayor, Alcides, profesor y gramático lo asesoró en el trabajo de corrección del texto.
De regreso a Bogotá, se dedica al comercio en la tienda ubicada en la Carrera de Bogotá calle 1ª. número 26. Ha llevado consigo un borrador de su novela en busca de editor, restablece vínculos de amistad con sus antiguos mentores literarios de la tertulia de "El Mosaico" y con Miguel Antonio Caro, a quien solicita ayuda para la corrección de las pruebas de la novela. El 24 de febrero de 1867, estando enfermo, Isaacs le envía una nota escrita en mal inglés en la cual le confirma haber recibido los tomos de Cantú y Bustamante, pero no estando todavía en capacidad de salir, le solicita que vaya a su casa a ayudarle a corregir las pruebas de María y a compartir con él un rato de charla (7).
La publicación de la novela es asumida por José Benito Gaitán. En la prensa bogotana aparecen varios avisos costeados por este que anuncian una "lujosa edición", que desde el primero de mayo estará a la venta en la agencia de Lázaro María Pérez, en la tienda de Dionisio Mejía y en la oficina de Gaitán; se añade que quienes tomen suscripciones, obtendrán el ejemplar al valor de $ 1.40 (8). La edición de unos 800 ejemplares se vendió a "dos pesos sencillos" y obtuvo inmediatamente una gran acogida por parte del público bogotano. Caro presentó la novela en su columna "Noticias Bibliográficas" del periódico La República (9).
Isaacs se convirtió entonces en uno de los hombres más admirados y solicitados por la sociedad bogotana que leyó con entusiasmo y "devoró" María. Posteriormente su amigo, el bugueño Luciano Rivera y Garrido, atestigua este hecho:

Isaacs fue entonces el hombre de moda. La mujeres deseaban con vehemencia conocerlo, pues vieron en él al intérprete afortunado de todas las ternuras femeninas; los salones de la alta sociedad le abrieron de par en par sus doradas puertas; los círculos literarios, que ya lo habían aclamado como gran poeta, le cedieron el primer puesto como novelista; y todo el mundo admiró su ingenio sin restricciones (10).

Relata este mismo que pocas semanas después de haber salido a luz la novela, cuando Isaacs todavía no era conocido sino por los hombres de letras, durante una representación de la ópera Norma, estando el teatro colmado por lo más granado de la sociedad bogotana y habiendo empezado ya el primer acto, en el mismo momento en que la prima donna iniciaba el aria de la casta diva, tres caballeros entraron a un palco que había permanecido desocupado, entonces todas las miradas se dirigieron hacia ese punto y por el teatro "se oyó un ruido sordo" producido por el público que pronunciaba el nombre de Isaacs (11).
El escritor se convirtió, además, en uno de los jóvenes más prometedores del partido conservador. Y como de la notoriedad al periodismo y a la política no había más que un paso, un mes después de la aparición de María es nombrado redactor principal de La República, periódico del ala moderada del partido conservador. Poco después sucumbe a la tentación de la política y al finalizar el mes ya aparece en la lista de candidatos a la Cámara de Representantes por el Estado de Cundinamarca al lado de nombres como los de Carlos Holguín y Miguel Antonio Caro, pero será elegido Representante, en calidad de principal, por el Estado del Tolima en diciembre de ese mismo año, junto con Luis
Segundo de Silvestre y Joaquín Posada Gutiérrez para el período constitucio­nal 1868-1869.
Con la política comienza otro tipo de sinsabores. 
Desempeñándose Isaacs como representante, aparece en el periódico Los Locos una pieza jocoso-satírica en verso titulada El diputado de los anteojos verdes o Jorge y María. Drami-cuento en medio acto (12), en el cual María llorando le reprocha a su enamorado Jorge su traición:
La República te dio
con cierta coja intriguilla
una curul, una silla,
en que has perdido el honor.

A Jorge le ha sido prometido el cargo de secretario de Torres Caicedo para una legación en Europa, pero al enterarse por un transeúnte de que ya lo han susti­tuido por otro, concluye María:
Y bien Jorge, eres pasado
 y desconfían de ti.
Desleal e ingrato fuiste
con quien te dio posición:
el pago de la traición
 tenía que ser así.

En efecto, en este momento, los liberales ya consideran a Isaacs como uno de los suyos; el periódico El Liberal lo menciona al lado de algunos miembros de este partido que acaban de dar un nuevo golpe a La Liga y se refiere a él en los siguientes términos: "el señor Jorge Isaacs, que antes pasaba por conservador; [...] por sus ideas, su rectitud y su talento lo contamos en nuestras filas, aun cuando se le llame como se quiera: sus hechos hablan" (13). Como afirmará Isaacs años más tarde en una famosa carta autobiográfica:
Cuando redacté La República creía aún posible poner de todo en todo la fracción avan­zada del partido conservador al servicio de la república democrática. En 1868 y 1869, siendo diputado al Congreso Nacional, obtuve el doloroso desengaño y empecé a ser víctima de la demagogia ultramontana y de la oligarquía conservadora. Se me había educado "republicano" y resulté ser soldado insurgente en las filas del partido conser­vador. Ahora puedo explicarme eso satisfactoriamente'(14).

…. SIGUE, en imágenes, más adelante ....
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1        Carta a los señores Ramírez y Rivera, 2 de diciembre de 1874. Ver Correspondencia.
2       Jorge Isaacs. Poesías. Bogotá, Imprenta de "El Mosaico", 1864.
3       El Mosaico, 4 de junio de 1864.
4       Carta a José Manuel Marroquín, La Plata, 28 de junio de 1864.
5       Carta al mismo, Cali, 16 de septiembre de 1864.
6       Maximiliano Grillo, "Correspondencia de Jorge Isaacs" en Ensayos y comentarios. París, Editions "Le Livre Libre", 1927, pp. 217 y 218.
7       Ver Correspondencia.
8       La Prensa, trim. IV, n.° 67 (2 de abril de 1867) p. 348.
9       La República (Bogotá), n.° 3 (julio 17 de 1867).
10     "Jorge Isaacs (Reminiscencias)", en Impresiones y Recuerdos. Cali, Carvajal & Cía. , 1968, p. 291.
11      ' Ibíd., pp. 291 y 292.
12      Los Locos, trim, iv, n.° 47 (Bogotá, 18 de febrero de 1869) pp. [185] y 186.
13      El Liberal (febrero de 1869).
14      Carta a los Señores Ramírez y Rivera, 2 de diciembre de 1874.

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